Alonso se da un baño de gloria en Daytona

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El asturiano logró la victoria en la mítica carrera estadounidense con el Cadillac #10 del Wayne Taylor Racing tras una auténtica exhibición bajo una intensa lluvia.

Fernando Alonso lo ha logrado. El español tenía en las 24 Horas de Daytona su primer objetivo en su primera temporada lejos de la F1. Y tras 24 horas llenas de nervios y máxima tensión, con la lluvia como gran protagonista final, consiguió un enorme triunfo. El asturiano lo consiguió con una auténtica clase de manos, temple y calidad. Todo lo que no podía demostrar en el ‘Gran Circo’ en los últimos años, lo exhibió en su estado más puro en el Daytona International Speedway. En una competición en la que sí hay adelantamientos, en la que sí puede ganar cualquiera, en la que sí se corre sobre agua, que sí representa un desafío para los pilotos y en la que la acción es más importante que la tecnología, en definitiva, en una cita para carreristas, como se denomina el propio Fernando, el ovetense cumplió con sus dos objetivos principales: divertirse y ganar. Lo hizo a lo grande, con una exhibición pura de mago sobre un coche en el que a penas tiene experiencia, pasando por encima de todos sobre el agua, de noche y en cualquier circunstancia, conquistando el triunfo con tres relevos que costarán de olvidar.

El español se subió al coche número 10 del Konica Minolta Wayne Taylor Racing a falta de 22 Horas y 14 minutos para el término de la prueba. Lo hizo después de un coche de seguridad que le dejaba noveno, con necesidad de remontar, y el piloto español empezó a dar pinceladas de lo que había ido a hacer en Daytona. Pronto se puso en modo ataque y con menos velocidad que los Mazda y los Acura, su experiencia con los rebufos en Indianápolis, en resistencia e incluso con su McLaren de F1 por su falta de punta, le hizo volar. Aprovechando los rebufos en el óvalo, a falta de 20 horas y 41 minutos, fulminó primero a Castroneves y luego al hombre que firmó una pole de récord, Rast, para colocar a su equipo líder por primera vez tras superar a ocho adversarios.

Segundo relevo, mágico

Pero el festival del ovetense no se terminaría ahí. Después del que Kobayashi Van der Zande lucharan con dificultades para mantener el coche en las posiciones de cabeza, Fernando volvió a saltar a la palestra para resolver otra situación clave. Y es que cualquier calificativo que se use para definir el segundo relevo del español en las 24 Horas de Daytona se va a quedar corto. Podemos hablar de memorable. Espectacular. Mágico. Fernando maravilló a todos con su relevo nocturno en Le Mans que a la postre fue decisivo, y bajo la lluvia de Daytona se coronó definitivamente ahogando a todos sus contrincantes.

Lo logró bajo máxima presión. A falta de 9 horas y 45 minutos para el final se subió al Cadillac #10 con la necesidad de apagar un fuego y de acabar con un desaguisado del equipo, que se equivocó en la estrategia montándole neumáticos de seco al español a su salida a pista. Le tocó perder tiempo entonces con una parada extra con la que volvió a pista en la cuarta posición, a 1’51 del líder, al borde de ser doblado. Parecía imposible. Parecía estar inmerso en una de esas películas en las que el protagonista se encuentra cayendo por el precipicio y sin nada a lo que agarrarse. Pero de nuevo, el mago asturiano se vistió de héroe. Se puso la capa bajo un tremendo aguacero y lo volvió a hacer.

Fernando sacó fuerzas de dónde no las había y empezó a remar, con más fuerza que nadie, con un ritmo vertiginoso y una velocidad de crucero que le hacía rodar mucho más rápido que todos. Así, en 20 minutos ya ocupaba el liderato y poco después aumentaba su ventaja hasta los 54 segundos con una superioridad descomunal. Sin embargo, el accidente del Chevrolet Corvette número 4 pilotado por Millner acabó con la enorme brecha que consiguió el ovetense, reagrupando de nuevo los coches bajo el régimen de Safety Car antes de que se mostrara la bandera roja por demasiada agua en pista.

Tremenda lluvia

A partir de ese momento, la lluvia empezó a robarle cierto protagonismo. Se mostró la primera de las dos banderas rojas del día y la carrera se paró 1 hora y 45 minutos. Y posteriormente, otra de las grandes papeletas del día recaería en otro de los grandes nombres del equipo, el hijo del propietario, Jordan Taylor. El estadounidense se pudo rehacer de su mal primer relevo manteniendo el coche en pista en condiciones muy complicadas, cumpliendo con el objetivo de resistir y estar en las primeras plazas, haciéndose incluso de nuevo con el liderato con una buena batalla con Derani.

Ya con los deberes hechos, Nasr era el principal peligro con el aumento del agua y el brasileño acabó pasando por encima de Taylor tras varias relanzadas y neutralizaciones. Y en ese nuevo escenario, el Wayne Taylor Racing optó por la estrategia más inteligente, apostar por el caballo ganador: Fernando Alonso se subiría de nuevo al coche.

Alonso, la apuesta final

A falta de 2 horas y 50 minutos, Alonso asumía el testigo de Jordan en la segunda posición y debía remontar. Nasr parecía tener un ritmo mayor. El examen final se planteaba muy complejo para el español, pero como hizo por la noche, volvió a doctorarse en agua. Entre constantes parones con coches de seguridad (hubo un total de 17), el español se limitó en mantenerse cerca de Nasr en una pista impracticable, esperando un error de Felipe que terminó llegando a falta de 2 horas y 7 minutos. El brasileño ex de F1 se fue largo en la curva 1 y Fernando se hizo con el liderato en un asfalto que se había convertido en una auténtica pista de huelo, con accidentes y salidas de pista en casi todas las curvas. Solo 6 minutos después, dirección de carrera decidió parar la prueba con la segunda bandera roja a falta de 1 horas y 55 minutos.

Tras la clase magistral en la pista, Fernando tiró entonces de picaresca, presionando a dirección de carrera para que diera por finalizada la cita y le entregara el triunfo. Incluso se dirigió al coche de seguridad, le abrió la puerta y le dijo que así era imposible competir. Y la IMSA le hizo caso dando por finalizada la carrera tras una tensa espera final. “Debemos parar la carrera”, le decía poco antes a su gran rival, Felipe Nasr, que respondía con un abrazo al español. Su gran rival no podía hacer otra cosa que darle la razón. Le había derrotado el mejor.

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